DIARIO ECO
PUEBLA/ PUE. 24/05/06
Columna: Corona de Espinas
Por: Emmanuel Espín Pineda
Jorge Cázares Campos
Estoy en la cima de paso de Cortés y el paisaje es inmensamente hermoso, imposible no pensar en el prócer del paisajismo contemporáneo en México el maestro Jorge Cázares Campos.
Los suaves céfiros me besan, me acarician, cantan nanas tiernas y liberan mis recuerdos.
Tenía 17 años, me encontraba en la cueva del diablo, sumergido en un conflicto existencial ¿Qué hacer de mi vida? ¿Qué ser en la vida? Amaba ya a mi tierra como a ninguna otra; Tehuixtla, mi multinombrada Tehuixtla.
Conocí al maestro Jorge Cázares Campos en el templo de San Pedro Apóstol de mi pueblo, parecía todo un caballero rodeado de las damas de la mesa redonda panamericana de Cuernavaca, estaban ahí presidiendo el primer concierto de cámara del que los anales de la historia de Tehuixtla tengan registro.
No podía separar ni un minuto la mirada del gran pintor morelense, él no me veía porque yo estaba trepado y escondido tras una ventada, desde donde podía ver todo lo que pasaba, muy cerca de la sencilla bóveda de la nave de la iglesia adonde repercutían las notas musicales en busca de libertad.
El maestro Jorge parecía disfrutar mucho el recital sin hacer grandes gestos. Cuando concluyó el evento, bajé lo más rápido posible hasta colocarme a discreción cerca del afamado artista, quería escuchar su voz, analizar sus movimientos, quería desentrañar su pintura a través del hombre, sin embargo no me atreví a saludarle.
Pasaron los días y en las casas del pueblo no se hablaba de otra cosa que no fuera el concierto y la presencia del maestro Cázares por estos rumbos.
En la casa de los abuelos, mi tío Irineo Millán comentó que Jorgito durante su infancia y juventud frecuentaba mucho la casa de las Millán y se ponía siempre a esbozar, ya fuera una vaca en la calle o los viejos mezquites que había en el pueblo. Yo no daba crédito a cada una de las anécdotas que se contaban del maestro Jorge Cázares Campos a su paso por Tehuixtla.
Pasó poco tiempo para que el Maestro Cázares Campos regresara a la comunidad con otro concierto y en esa ocasión mi propósito era saludarlo. Fue mi tía Aurora Espín Velasco quien me lo presentó.
Siempre he sido muy nervioso cuando se trata de conocer a las personas que admiro, todo tembloroso, torpe e inculto (me preocupaba no estar a la altura), lo saludé y platicamos un poco de mi interés por la historia local, el maestro muy amable me escuchó y hasta me invitó a su estudio en la ciudad de Cuernavaca, donde platicaríamos con más calma del tema...
En su estudio-taller en la capital del Estado, el barro de Tlayacapan y las maderas de Olinalá son mudos testigos del correr del óleo sobre los lienzos de lino inmaculado, ahí el aroma a trementina se mezcla con el de las encendidas bugambilias de su jardín.
Fue ese el primer estudio de un artista que conocí en la vida. Ahí fui instruido en el arte de la pintura, en la historia prehispánica de Morelos y disfruté de los exquisitos libros de la selecta biblioteca del maestro Cázares. Además fui testigo del nacimientos de uno de sus trabajos más emblemáticos, vi su procesos creativo y como sus manos hacían aparecer previamente cientos de bocetos de armas, ropas, herrajes y demás objetos del siglo antepasado para no errar en el más mínimo detalle en su mural del Generalísimo José Ma. Morelos entrando a Cuautla. Vi gestarse esa obra durante mis asiduas visitas, algunas veces el maestro me ponía a modelar empuñando una espada muy antigua que había sido del General y que le fue cedida por el INAH para que la realización de la pintara fuera exacta. Por ese tiempo también él maestro Jorge descubrió para mi sorpresa, hurgando entre parientes muertos el lazo para reconocerme como su sobrino, pero para mí es y será siempre mi maestro, mi primer mentor.
Casi siempre le preguntaba al maestro Cázares sobre Tehuixtla y lo que representaba para él, pensaba y me decía: La cuna de la familia… y es que allá, al sur del Estado están los orígenes de su abolengo materno junto a los paisajes rurales que en otro tiempo le inspiraron. En Tehuixtla sus ojos se nutrieron de un colorido que después su mano plasmaría con gran destreza y talento. ¿Quien puede resistir la mirada a sus inmortales estampas campestres que logran capturar la efímera bella del entorno perdido? Jorge Cázares Campos en cada una de sus obra abre una inmensa ventana hacia un tiempo desvanecido que sólo él, con su maestría ha sido capaz de detener para el deleite colectivo. La pintura de Jorge Cázares va más allá del simple deleite contemplativo y nos habla a través de elementos naturales o arquitectónicos de temas más profundos, generando emociones y estados anímicos de abisal impronta únicamente inteligibles al espíritu.
Lo efímero de la belleza se encuentra en la policromía de sus paletas… La naturaleza poetizada captada con los ojos de águila de Jorge Cázares Campos nos regala en su obra ayates divinos. Como ciudadano y promotor cultural morelense su principal trabajo ha sido generar cultura para con todos. Él no es de los pintores apretados cuyo egocentrismo no les permite convivir con la gente de a pie y eso lo hace a él más valioso, pues anda por la vida compartiendo sus conocimientos, predicando con el ejemplo como gran maestro.
¡Aquí en Puebla la naturaleza que me rodea es hermosa! ¡Estoy dentro de uno de los cuadros del maestro Jorge Cázares! Me desplazo entre sus trazos de color, me escondo entre las pencas de un nopal o a la sobra de sus canteras de tezontle, sus delicadas pinceladas emulan a esta maleza que es peinada únicamente por el aire. ¡Aquí estoy! En el Estado de Puebla mirando hacia Morelos donde no hubo espacio en la universidad publica para mí, instruyéndome motivado por consejo del Mtro. Cázares quien me dijo: "La naturaleza es sabia, esparce sus semillas lejos por que a la sombra de los padres la semilla muere o no da frutos".
"Viajar ilustra"... "anda y conoce el mundo" Y "Cuéntale al mundo tus impresiones con tú arte". Desde entonces procuro conocer más a detalle la cultura de cada pueblo o casa que me recibe.
